Estos días, hemos vuelto a la calle y por fin nos aventuramos más allá de los tres olivos. Caminando por unas pequeñas calles, de pequeñas/grandes casas, donde sin darnos cuenta nos sentimos segures y por tanto, disperses en nuestros intereses, nos hemos topado con un montón de estos compañeros de la naturaleza, los olivos. El barrio de la aguja se llama. ¡Qué mareo, cuantos barrios!

Mientras buscamos novedades por la zona, desciframos animales y formas presentes en los azulejos Úrsula, una vecina, nos dice que tiene una carta para nosotres. No puede ser, ¡es de Marcela!

Nos las ingeniamos para recibirla con una cuerda, una unión física entre nosotres, Marcela y la vecina. Nos cuenta que le gusta este barrio, y que después de hacer una parada en casa de nuestra nueva vecina quiere seguir descubriendo lugares especiales. Le han hablado de la plaza de Nou Moles así que que por allí nos espera. 

De nuevo se nos encienden los fogones:  Que Nou Moles tiene relación con los molinos ya lo sabemos “es el barrio de los 9 molinos”  ,pero ¿Habría algún molino especial en la zona? ¿Los nueve molinos podrían ser parte un único molino? Tendremos que empezar no solo a explorar, sino a investigar a fondo la historia del lugar. 

Úrsula nos explica como llegar a la plaza y nos cuenta también que muy cerca hay una alquería. No sabemos que puede ser eso, así que delante de ella pensamos que podría ser una casa para coloms con “camas así de anchas y así de largas” 

Tenemos claro que el agua es importante, para los molinos, para el barrio, para Marcela y para nosotres. “podría ser una piscina para los bichos de aquí”

Descubrimos una oficina de correos y que en la familia de dos compañeros había muchos carteros. También escuchamos un gato al que contestamos en su mismo idioma, preguntando si había visto a Marcela, pero no obtuvimos más respuesta.

Cuando llegamos a la plaza Nou Moles, y después de hacer un pequeño reconocimiento, el juego libre y el acompañamiento respetando tiempos y espacios, propicia la creación de reclamos naturales para nuestra lagartija más intrépida. Ponemos nuestros fogones a funcionar gracias a la variedad de árboles, hojas y sus diferentes estados. Propician una experimentación sensorial, visual e intelectual al que se unen incluso las familias que van llegando.  ¡Tenemos ganas de encontrarla!

“aquí va a comer mucho con todas estas hojas” “se pondrá fuerte para escapar”

Durante esta semana, recibimos otra carta de Marcela y eso nos gusta mucho. Dice que ha hecho un nuevo amigo por la zona de siempre, un gato al que nosotres también escuchamos maullar el otro día. Al gato Marramiau, le gusta estar en la pared como a ella y le gustaría aprender a camuflarse.

También ha venido una compañera nueva, algunes ya la conocemos, le damos la bienvenida y la ponemos al corriente de todo lo vivido y cocinado hasta el momento. Cogemos nuestros petates y nos ponemos en marcha, no tardamos en ubicarnos: a la izquierda los 3 olivos, a la derecha la casa de Úrsula y al frente..¡Marramiau! 

El espacio, un handicap presente y potente para las mediadoras, con tráfico y poco espacio personal en unas calles que se suponen peatonales, no parece influir en elles, acostumbrades a realizar cualquier tipo de actividad en espacios poco amables, por falta precisamente, de espacios de esparcimiento, disfrute y autogestión a disposición de la ciudadanía. La apropiación del espacio público, que es de todes, parece tan natural en la infancia y la juventud, que resulta extraño pensar porqué nos avergüenza o no nos parece aceptable  cuando nos vamos haciendo mayores. 

Cómodo, desde lo alto del graffiti,  Marramiau  mira atento  como nos ponemos manos a la obra. No sabemos muy bien que queremos contar, ni como, así que experimentamos. Por eso de nuestra cocina a fuego lento, lo de ensayo, error y mucho mimo que os he contado al principio de esta gran historia.

Por suerte, los dibujos y colores de Alfredos, un artista vecino del barrio, nos inspiran en nuestras creaciones. Poco a poco hemos descubierto que también era el autor del pajarito,  y lo más importante, el papá de un buen amigo de nuestres integrantes.

Mientras vamos conociendo a nuestra compañera y disfrutando en pequeños grupos de interés, descubrimos como se forman y descomponen los colores, nos concentramos en  escribir una carta a Marcela, experimentar con el frottage o construir con elementos son algunas de nuestras creaciones.  Volvemos al goce de la manipulación, y de nuevo a perder el tiempo. ¡Qué llegamos tarde!

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