Tras esta semana de descanso bien merecido, volvemos a encontrarnos. Como ya hemos explorado el parque del Oeste, decidimos marcarlo como nuestra cocina, un lugar de reunión natural, donde poner sobre la mesa todo aquello que consideramos importante y  desde el que partimos en busca de aventuras ¡y Marcela claro!

Nuestros fogones están ahora a pleno rendimiento y podemos ir añadiendo los primeros ingredientes. Hacemos uso de un completo kit de exploración, el del grupo y los de algunes compañeres que curiosamente, ya disponían del propio; para otres llegaría pronto, en unos días sería parte del regalo de cumpleaños. ¡Exploración al poder!

El camino parece tan largo como las acequias que seguramente continúan bajo nuestros pies. Tan solo dos calles han sido suficientes para descubrir un montón de historias, información valiosa para nuestra búsqueda y nuevas personas que alimentan nuestra curiosidad.

Tras situarnos, comienzan a aparecer las primeras pistas y huellas sobre el terreno. Hojas comidas, caracoles amigues, candados de posibles casas, piedras que pintan y piñas como manjar entre otras, son una pequeña selección de la gran cantidad de elementos que exploramos. ¡ Y qué difícil se nos hacía la selección! Estas muestras son cuidadosamente:

Como parece que hay mucha actividad lagartil por la zona, el segundo día de la semana decidimos recabar información en los comercios cercanos. Nuria, la de la papelería de la esquina es a quien visitamos varias veces por si hay novedades por la zona. Pilar y Montse, de la farmacia nos dan una buena pista: la han visto paseando por la acera grande recta de la derecha, hay muchos olivos por el barrio y es posible que se haya escondido en alguno. Marcela, es especial,  a veces consigue ser como un camaleón para perderse en el terreno, es por eso que empezamos a preocuparnos por ella.  “es un poco peligroso porque si marcela se pone del color y alguien a pisa”

Nuestros fuegos se encienden: El barrio se llama Olivereta, ¿será por todos los olivos que hay? “ ¡me encanta las olivas, las verdes, las negras, TODAS!” con esta firme declaración, descubrimos que nos gustan mucha a todes.

La farmacia se llama Nou moles, “¡Tiene que ver con los molinos!” exclama alguien que asegura conocerse la ciudad como la palma de su mano.

De camino, en los portales de la gran acera, reconocemos árboles que también encontramos cerca de casa o en la escuela. Estamos siempre atentes a cualquier estímulo curioso, un sonido, un pasamanos a medida para hacer una voltereta..

La necesidad de documentar todo quello que vamos descubriendo y el desarrollo presente de la lectoescritura en nuestros encuentros, nos recuerdan la importancia de bajar el ritmo, para estar, saborear, permitir el goce aunque a veces, signifique aflojar o tensar otras energías y demandas. Porqué así somos, diferentes, cambiantes. 

Creemos que estamos en el lugar indicado cuando de pronto, tras girar una esquina, nos encontramos una calle peatonal con tres olivos como protagonistas, junto a un mural con un pajarillo. Algunos reconocen la pintura, pero no conseguimos mucha información al respecto. 

Desplegamos nuestro kit de exploración, de nuevo, en medio del disfrute, debemos levantar parte de nuestro equipo porque un coche parece necesitar transitar por ese espacio. ¡Qué fastidio!Hacemos frotage de la zona, recabamos pistas, escudriñamos los detalles, dibujamos Marcelas y mensajes y ojeamos los agujeros más altos de un árbol en especial. No os lo vais a creer pero, ¡Hemos visto una cola!

Parece ser que esta zona tiene escondida mucha tradición y cosas que a Marcela le pueden gustar.  ¡Cuántas aventuras y lugares por descubrir!

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