Esta semana la dedicamos a vincularnos con el barrio y sus habitantes. Decidimos enfocarnos en dos tipos de miradas, aunque interrelacionadas. La primera, está enlazada con el dinamismo y la espontaneidad que tiene alguien cuando se relaciona con su barrio solamente como vecinx. El estado de residente aquí está conectado con el de observador-habitante que establece su vínculos con el territorio a través de varios puntos de vista que están en constante cambio y movimiento. La segunda, está acoplada con la mirada contemplativa que te ofrece el “estatismo” de estar día a día trabajando en el mismo negocio. Es decir, aquí la mirada podría funcionar como una especie de cámara rápida que está observando con dedicación y persistencia todos los pequeños cambios que están pasando en un espacio determinado. 

El lunes visitamos el barrio desde los ojos de una vecina, Mar Dols Merle. Su relación con Ciutat Vella es de constante movimiento y cambio generando una amalgama de experiencias, pero ¿cómo se pueden compartir estos conceptos con un grupo de personas “bajitas”? Mar, nos sorprendió proponiéndonos que la mejor manera sería meterse en un “laberinto”, perderse y después encontrarse otra vez. Así con ella haciendo de Ariadna urbana y nosotrxs, dejando rastros de de tiza en nuestro camino a la manera del hilo en el mito clásico, empezamos nuestra aventura. Toda la experiencia lúdica que generó la propia dinámica de la visita y los juegos espontáneos y autogestionados nos survió para activar varias reflexiones situadas.

La primera sucedió en el mismo comienzo de la ruta donde nos sentamos detrás de las torres de Serrano para presentar a Mar y hablar de lo que íbamos a hacer. De este modo, arrodillados de una multitud de coches, pasajeros, y negocios surgió la pregunta ¿queda algo de barrio en la Ciutat Vella? Con esto nuestros participantes hablaron de todo, el problema de los coches, del tráfico, de los turistas, de la falta de espacios verdes… conceptos básicos de lo que denominamos gentrificación que está sufriendo ahora mismo el centro de Valencia y que ellos viven desde su dia a dia.

Otra reflexión destacable se formó cuando nos paramos delante de la Asociación Cultural y Gastronómica Vegana La Mandrágora. Además del significado de la comida vegana, cosa que nuestrxs participantes dominaban, nos centramos en qué significa la posibilidad de poder pagar a voluntad. Este concepto generó varios conflictos porque va más allá del típico intercambio monetario, dame una mercancía y te doy x dinero. Algunxs de nuestrxs participantes no conocían este tipo de iniciativas y buscaban la picaresca de la cuestión, alguien dijo «Entonces yo puedo no dejar nada!». Así, surgió un buen hilo del donde poder ir estirando poco a poco, para cuestionar nuestros privilegios y valorar que otra forma de relacionarse es posible.

Alguien, acabó escribiendo «Gracias» bajo la persiana.

Por último, el miércoles visitamos el taller de Paco, el alfarero, un taller inagotable a través de la mirada. Un espacio que quizás nunca habrían imaginado que existiera. Algunas personas del grupo tenían reparos en entrar…»Uuuuui, esto tiene mucho polvo…». Finalmente decidimos entrar y ¡menos mal! Juntxs descubrimos otro mundo, como congelado en otra época. Un taller lleno de todo tipo de esculturas y objetos manufacturados. Gracias Paco, por ampliarnos la mirada y añadir nuevas capas de significado a nuestra cartografía.

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