Grupo de 6 a 12 años. La Torre. Durante sucesivas sesiones siguieron realizando entrevistas por todo el vecindario. El grupo está muy enfocado en la tarea. Empiezan a soltarse e improvisan nuevas preguntas. Ya no se trata solo de la fascinación por la tecnología y el medio audiovisual, han desarrollado interés en obtener información. Tienen claro su objetivo: investigar el barrio.

Eso se notó en la entrevista a Roberto, el alcalde de la pedanía.

-¿Cuando acaban el colegio?-, le preguntó R. (El antiguo colegio de Primaria, en obras, es uno de los espacios más queridos por el grupo. Es evidente que lo echan de menos).

Entrevista a Roberto

No fue la única pregunta improvisada. Después vinieron muchas más, sobre todo en cuestión de infraestructuras y dotaciones comerciales… Algo similar pasó con Carmen, una vecina del barrio de toda la vida, que se prestó a ser entrevistada.

Carmen, durante su entrevista.

Cómo era antes el barrio, en qué ha cambiado… son algunas de las cuestiones que fueron surgiendo. El grupo escuchaba, formulaba nuevas preguntas y volvía a escuchar. Supimos que el vecindario estaba conformado, a su izquierda, por familias dedicadas al campo, y a su derecha, por familias venidas de fuera para alojarse en los bloques de viviendas de la guardia civil. Pero lo que más les alucinó fue saber que hubo un cine o que, después de la riada, La Torre quedó aislada por la construcción del nuevo cauce del Turia. Esto último hubo que explicarlo con detenimiento, porque había transfigurado su concepto espacial del barrio.

– «¿En serio las casas llegaban a San Marcelino?»-

Mientras completábamos las tomas y entrevistas que conformarían su vídeo final, seguíamos promoviendo la reflexión. En una de las derivas nos topamos con un solar en mitad de la zona más edificada del barrio y quisimos saber qué les gustaría construir en él.

-¡¡¡Una piscina!!!-. El deseo era unánime.

Un solar en medio del barrio ¿en qué podría convertirse?

Casualmente, el grupo de secundaria también había expresado lo mismo en distintas ocasiones. Había que ponerse manos a la obra. Este deseo vecinal precisaba de una acción reivindicativa conjunta. Aunque se mostraban escépticos sobre su utilidad, entendieron que para soñar que es posible, primero debían hacerse oír. De hecho, no perdieron la oportunidad de pedírselo directamente al alcalde cuando se encontraron con él.

Así, en una de las sesiones posteriores, nos unimos a la petición del grupo y realizamos una acción para que el sueño de la piscina en La Torre se hiciera realidad. Guardaremos los flotadores hasta entonces.

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